AYUDAR AL CONEJO


Aquí señoras y señores os presento,

el personaje principal de este cuento.

El conejo Valiente, que así le habían llamado,

sus padres al nacer, para que sea respetado.

En el bosque más bonito que os podéis imaginar,

rodeado de praderas y centenario pinar.

Nuestro protagonista era guapo y verás

manejaba el portátil de manera eficaz.

En los estudios sacaba siempre sobresalientes.

A la moda se vestía para presumir delante de la gente.

Una cosa solamente por la noche le preocupaba.

Un secreto bien guardado en la cabeza le rondaba.


Al nuestro Valiente, a lo contrario de su pomposo nombre,

le temblaban las patitas con cada ruido en el bosque.

A la carrera iba a todos lados sin tomar aliento.

Para cualquier sorpresa estaba siempre muy atento.

Pero, un día salió de la madriguera decidido.

De enfrentar al miedo estaba más que convencido.

¡Hoy mismo se acabó de ser cobarde!

¡Buscaré ayuda antes de que sea tarde!

Mandó mensaje a su grupo de amigos.

No se resuelven en el chat semejantes líos.

Les quería reunir en una hora justo,

en el banco situado al lado del arbusto.

Allí, desconcertados, le aguardaron sus colegas.

No era momento de ponerle pegas.

La tortuga Vera, que carecía de cualquier complejo,

tenía blog en Facebook para dar consejos.

El erizo Pedro, con sus púas siempre afiladas,

les sacaba brillo hasta parecer espadas.

El zorro Tito, presumía de ser astuto y saber

trucos miles y a la gente los secretos conocer.

El oso Pimichón, siempre se retrasaba.

Y en el lugar citado todavía no estaba.

Llega el conejo por paso firme aparente.

Le preguntan los amigos: ¿Qué es esto tan urgente?

Les explica Valiente, que los ruidos en el bosque le provocan tal terror

que no puede ni salir de casa sin mirar alrededor.

Que va corriendo a todas partes empapado de sudor,

que ya está más que harto de vivir con tal temor.

Y que le ayuden sus amigos para encontrar remedio

a la cobardía y que, por favor, tomárselo en serio.

Sin pronunciar palabra escuchan el relato.

El problema de su amigo necesita otro trato.

Sin esperar ni un minuto se levanta la tortuga Vera.

Ella es ya una experta y pide turno para hablar primera.

"En mi caparazón, que es más duro que la piedra,

cuando me asusto, me escondo de cualquiera.

Si quieres, enseguida te podríamos buscar,

algo que te sirva de escudo y te puedas cobijar."

"¡No! Aquí esto es insuficiente."

Dijo el erizo Pedro impaciente.

"Con unas púas como las que tengo yo,

nadie se mete, porque me respetan un montón.

Hace unos días que me encontré

en el sendero de la colina un agudo alfiler.

Con una espada afilada y un buen escudo

serás un caballero de lo más chulo."


"Estoy completamente de acuerdo", dijo Tito.

Al final anunció el zorro con su voz de pito.

"Un par de estratagemas muy elaboradas

te prestaré de mi colección personalizada."

"Pero amigos, lo que vais a conseguir

es convertir al pobre en un "Hazmerreír".

¿Dónde se ha visto un conejo de pradera,

con escudo y espada? ¡Ni en carnaval de primavera!

Y con cariño añadió: antes de empezar a pelear

intentad convencer con las palabras y hablar.

Valiente, lo que tienes bien que conocer

son los habitantes del bosque y sus sonidos aprender.

Porque mira, a pesar de mi tamaño

no me gusta a nadie hacerle daño.

Pero, amigo mío, nuestro bosque precioso

es a veces un hogar muy ruidoso.

¡Escucha! Allí está el saltamontes con su viejo violín

tocando su canción. ¡Ay, este saltarín!

Y allí, detrás del pino inclinado

el carpintero, arreglando el tejado.

Y aquí la tienes la abeja, trabajadora aplicada.

Su zumbido hizo que me retrasara.

Hace unos días que me invitó

a probar la miel nueva y no le pude decir que no.

Conejito, lo que debes de reconocer

que no es nada espantoso lo que acabas de saber.

De los peligros sin duda te debes de cuidar,

pero distinguirlos es lo principal."

El zorro sonrío de manera muy astuta bajo el bigote,

"Que idea más brillante ha tenido el grandote.

Mostrarle los ruidos que sin cesar le espantaban

y que era otros que sin saber los provocaban."

"¡Es verdad!" la tortuga Vera exclamó contenta.

"Se lo contaré a los seguidores de mi cuenta"

El erizo se acercó al Pimichón.

"Un abrazo te daría, pero pincho un montón."

El más feliz de todos era el conejo Valiente.

Había ya vencido el miedo de manera permanente.

Y ¿Cómo no? Con amigos como estos.

Dispuestos a ayudarle en cualquier momento.

"Esta gran reunión se merece un recuerdo."

"Un selfi de los cinco." Y se puso a tomarla Pedro.

Así, señoras y señores se acaba este cuento,

lo que no sabemos es, cuantos Likes obtuvo este evento.

Pero la experta, Vera, sin duda se encargará ,

de difundirlo en las redes hasta la saciedad.

FIN

ANAID AVO<a rel="license" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/"><img alt="Licencia de Creative Commons" style="border-width:0" src="https://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" /></a><br />Este obra está bajo una <a rel="license" href="licencia'>https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/">licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.
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